El Anciano

"Ve, y comprende el por qué del hombre en la Tierra."

Búscame y me encontrarás. 🙏

¡Oh Dios mío ten misericordia!

Estaba anocheciendo en la estancia “San Francisco” cuando Pancho escucha el ladrar de los perros en el patio. Siente, más bien que escucha, que llaman a la puerta. Al abrirla, se encuentra cara a cara con un anciano de tez trigueña y ondulados cabellos largos.

—Muy buenas tardes, adelante pase mi amigo —lo invita Pancho. Fue al instante que, como una especie de fresca lluvia, la serenidad y el sosiego cubrían todo su ser. Algo sucedía a la vista de este extraño visitante.

Muy entrada la noche, luego de haber compartido una más que interesante charla, Pancho le ofrece donde descansar. Al despertar con los primeros resplandores del alba, prepara el fuego para cebar unos mates con su huésped, pero grande fue su sorpresa al encontrar la habitación vacía, sin rastro alguno de que el catre hubiese sido usado.

Confundido, Pancho recordó las últimas palabras del viajero: “Búscame y me encontrarás”. Han pasado muchos días desde aquel atardecer; Pancho buscó y buscó, y cuando alguien se le cruzaba, la respuesta era siempre la misma: —Conocemos al anciano, pero nadie sabe su edad ni el sitio exacto donde vive. Sigue buscando.

Representación mística del Anciano que visitó a Pancho Sierra

Tiempo después, Pancho divisó un rancho bajo higueras y paraísos. Parado en el vano de la puerta, estaba el mismo anciano. Sonriente y con voz calma le habló:
—“Hace tiempo que te estoy llamando; tu corazón pide a gritos calmes su ansiedad, en tu interior mora la energía del poder sobrenatural que desea expandirse con el bien que le ha sido signado”.

El alma de Pancho se sintió henchida de amor y paz. Se apeó de su caballo, pero al girar hacia la puerta, la imagen del anciano se había desvanecido. En medio de esa llanura indómita, sintió que una nueva energía lo invadía. Había encontrado su camino.

Desde ese viaje místico, Pancho comenzó a ver con claridad lo que antes era oscuridad. Elevó la vista hacia el firmamento y expresó: ¡Oh Dios mío ten misericordia! Ahora podía escuchar lo que comunicaba el agua y hablar con los frondosos árboles.

El Universo ya no estaba afuera; ahora él era parte de un todo. Don Pancho vislumbraba un mundo invisible para los demás, una revelación que Dios depositó en su conciencia. Una justicia divina penetró su alma en los misterios de la vida y la muerte. Ve, y comprende el por qué del hombre en la Tierra.

— Angélica E. Boggia Sierra de Callegari

“En verdad, en verdad os digo que el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios”.

— JESÚS DE NAZARET