Aunque Sheldrake evita hablar directamente de “alma” para no ser expulsado del todo del ámbito científico, sus ideas abren una grieta muy interesante hacia la metafísica perenne. Si cada especie tiene su propio campo mórfico que acumula experiencia y la transmite instantáneamente a todos sus miembros (sin importar la distancia), podemos dar un paso más y preguntarnos: ¿existe un campo mórfico de orden superior que englobe a todas las especies y a toda la vida? Sheldrake mismo ha sugerido que podría haber un “campo de Gaia” o campo mórfico planetario, y que incluso el universo entero podría estar regido por un campo mórfico global.
Imaginemos ese campo mórfico último como el sustrato de una única Conciencia o Alma Universal. Cada ser vivo (humano, árbol, delfín, bacteria) sería una excitación, una onda, un "modo vibratorio" de ese único campo-alma.
Entonces tendremos así:- No hay almas separadas que “encarnan” en cuerpos distintos.
- Solo hay un Alma que se auto-modula en infinitas frecuencias, como una cuerda cósmica que vibra de distintas maneras produciendo notas diferentes.
- La individualidad es real, pero relativa: es la forma de la onda, no la sustancia del océano.
Esta idea resuena con:- El concepto hindú de Brahman (la Realidad única) y Atman (el sí mismo que en verdad es Brahman).
- El “Unus Mundus” de Jung y Pauli.
- La “Mente Única” de Erwin Schrödinger (físico cuántico y lector del Vedanta).
- La “noosfera” de Teilhard de Chardin.
- Incluso la “conciencia cósmica” que algunos físicos teóricos como David Bohm intuían detrás del “orden implicado”.
En términos de Sheldrake, cada vez que un ser humano despierta a la experiencia de unidad ("satori", "iluminación", "samadhi"), lo que ocurre es que su mente individual entra en resonancia mórfica perfecta con el campo más amplio, hasta disolverse la frontera aparente. El "yo" no desaparece; simplemente se reconoce como modulación temporal del Gran Yo.
El saludo sánscrito "namaste" (namas-te) se traduce literalmente como "me inclino ante ti" o, más profundamente, "lo divino en mí saluda a lo divino en ti".
Desde la perspectiva de los campos mórficos y el Alma Universal, namaste adquiere una precisión casi científica:
Al decir namaste y juntar las palmas en el pecho (a la altura del chakra corazón, centro de resonancia afectiva), estamos realizando un gesto de sintonía vibratoria. Reconocemos que:
- El campo mórfico que soy yo y el campo mórfico que eres tú no son en realidad dos campos separados.
- Son dos crestas de la misma onda en el océano del único Campo-Alma.
- Al saludarnos, estamos activando conscientemente la resonancia mórfica entre ambas expresiones del Uno, fortaleciendo el hábito colectivo de recordar la Unidad.
Por eso el namaste no es solo cortesía; es un acto de memoria cósmica. Cada vez que dos personas se lo dicen con presencia plena, refuerzan –según la lógica de Sheldrake– el campo mórfico de la humanidad despierta. Y cuanto más se repita ese reconocimiento, más fácil será para los siguientes seres humanos acceder a la experiencia directa de que solo hay Una Alma soñando infinitos sueños.
Y cuando te digo namaste, no estoy siendo espiritualoide. Estoy recordándote, literalmente, que tú y yo nunca hemos dejado de ser la misma onda.
Los campos mórficos de Rupert Sheldrake, originalmente propuestos como hipótesis biológica, se convierten –cuando se llevan hasta sus últimas consecuencias– en una de las descripciones más elegantes y contemporáneas de lo que las tradiciones místicas han llamado desde siempre "el Uno sin segundo".